REFLEXIONES PUNTUALES

Forajida

Cuando se es una forajida, poco hay que explicar.

Vives constantemente en peligro. Con sensación de haberte saltado la ley y con el riesgo de que quien sea te vea o te pueda reconocer.

Sí, soy una forajida. Huyo y me escondo. Quisiera formar un bucle temporal, rodearlo con un círculo y borrarlo del mapa de mi vida.

Pero no puedo.

Por eso huyo.

Huyo de la maldad, del mal y de las consecuencias nefastas.

Huyo del dolor, huyo de la verdad.

Pero soy yo, incapaz de guardar un secreto más de de 24h. Incapaz de ocultar hasta lo que no le interesa al mundo. Incapaz de guardar el peso del peor de mis actos aun a sabiendas de las consecuencias.

Pues bien, tras mi confesión particular, soy una forajida confesa. Y selecta, claro está.

Decir la verdad no te vuelve impune. Debo seguir escondiéndome. ¿Cuánto? No lo sé.

Pero estoy convencida que el big brother me vigila. Está en mi barrio, entre las calles, las puertas, los ventanales…

Por eso, solo me queda huir…

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