REFLEXIONES PUNTUALES

Forajida

Cuando se es una forajida, poco hay que explicar.

Vives constantemente en peligro. Con sensación de haberte saltado la ley y con el riesgo de que quien sea te vea o te pueda reconocer.

Sí, soy una forajida. Huyo y me escondo. Quisiera formar un bucle temporal, rodearlo con un círculo y borrarlo del mapa de mi vida.

Pero no puedo.

Por eso huyo.

Huyo de la maldad, del mal y de las consecuencias nefastas.

Huyo del dolor, huyo de la verdad.

Pero soy yo, incapaz de guardar un secreto más de de 24h. Incapaz de ocultar hasta lo que no le interesa al mundo. Incapaz de guardar el peso del peor de mis actos aun a sabiendas de las consecuencias.

Pues bien, tras mi confesión particular, soy una forajida confesa. Y selecta, claro está.

Decir la verdad no te vuelve impune. Debo seguir escondiéndome. ¿Cuánto? No lo sé.

Pero estoy convencida que el big brother me vigila. Está en mi barrio, entre las calles, las puertas, los ventanales…

Por eso, solo me queda huir…

POEMARIO EMOCIONAL

El camino

El camino que me llevaba hacia ti no era el habitual.

Recuerdo otro transporte distinto al que cada día me llevaba a mi casa.

Sus asientos eran azules, como estos en los que ahora estoy sentada; pero, no me preguntes por qué, yo veía ese azul mucho más intenso.

Sí que tengo que reconocer que las personas que siempre lo habitaban me parecían advenedizas. Yo estaba cómoda en cada uno de los vagones que me acercaban a ti, pero me sentía ajena a ese lugar.

Probablemente la advenediza era yo.

De hecho reconozco que nunca pertenecí a él.

Cuando salía de ese vagón, buscaba el camino recto…

Ahora que lo pienso, yo lo veía recto, pero realmente estaba lleno de curvas; curvas que nunca lograría girar.

En mi pensamiento rondaban las vidas y las emociones de las personas con las que me había cruzado. Me las imaginaba súper emocionantes.

Pero para mí la emoción eras tú.

La brisa del aire que acontecía, la sutil lluvia de verano, hasta el azul del cielo me parecían más bellos que de costumbre.

No lo podía evitar. Tu esencia lo envolvía todo.

Cuanto más avanzaban los días, y más llovía, más nubes había, y yo más sentía.

Tu camino ya era como un poquito mío, y cada una de aquellas calles eran testigos de la magia que había en mis ojos. Sin más, sonreía.

Mi mundo era mágico, repleto de ilusión.

Mi ilusión, pero me bastaba.

Siempre he pensado que la vida tiene un final feliz, y que contigo me estaba esperando uno.

Pero sabía que era un sueño; mi sueño.

Cuando llegaba a tu puerta mi corazón se volvía loco. Palpitaba y palpitaba. Nunca dejó de hacerlo.

Solo con recordarlo, me vuelve a palpitar.

Mi piel erizaba al verte y para que no te dieras cuenta, yo miraba a lo lejos… Intentaba disimular.

Jamás lo supe hacer bien…

———

A día de hoy, aún recuerdo el camino que me llevaba a tu casa…

POEMARIO EMOCIONAL

El género del amor 2

-“¿Me quieres?”

No contesta.

-“¿Me quieres?”

Se rasca.

-“Eo, estoy aquí. Te estoy preguntando si me quieres.”

Me mira. Me pone una patita encima.

-“Eso es que me quieres…”

Se aprieta muy fuerte contra mí. Sigue rascándose.

Cierro mis ojos.

La siento y sonrío.

Ahora, sé que me quiere…

Sin categoría

Fan

Soy mi mejor fan. He entrado 52 veces a leerme.

Entonces me ha dado por pensar en los límites. Ha sido justo al despertarme y llevo todo el día preguntándome: ¿Hasta dónde llegan los límites de una persona por un lado y, por otro, cómo romper con esos límites?

Cada uno de mis pensamientos me reconduce al mismo lugar: La transcendencia. Tengo creencias en mí que no me permiten ir más allá pero, por otro lado, deseo ir más allá.

Así es la vida. Querer y no poder. Poder y no querer. Quizá, más bien, mi vida.

Esta sensación me lleva a mis 23 años. Recién licenciada y con miedo a cumplir mi sueño. Yo no sé si con 23 sabía lo que significaba el concepto ‘zona de confort’ pero sí recuerdo que sabía lo que era el fracaso.

Hace tan solo unos días, he aprendido que si eludimos/evitamos las situaciones traumáticas que vivimos en el pasado, estas pueden llegar a anclarse. Es por ello que en lugar de limitarme y huir como siempre he hecho, hoy a mis 44 me enfrento. -¿A qué?- Al miedo. Miedo a fracasar. Miedo a mis límites y a mis no límites. Miedo a ti cuando me lees. Miedo a tus pensamientos. Miedo a que pienses, tú que me conoces, que no soy normal.

Pero es que no puedo más. Necesito gritar, alzar mi voz. Decirte estas cosas que te digo. Y, ya tú, si quieres, las entiendes.

Al final he acabado el día pensando entre la diferencia entre un círculo y un cuadrado. El cuadrado representaba mi yo de los 23 y el círculo el de los 44. ¿Por qué? Pues porque son símbolos, no son míos, son universales.

Entonces me he visto como un círculo, fluyendo como una galaxia y dejando por doquier pensamientos, miradas, sonrisas, emociones…

Seguido he mirado al cielo, he sonreído y he pensado: “Esa es la Maribel que quiero ser “.

He bajado la cabeza, he continuado mi trayecto y he vuelto a sonreír porque esa es la Maribel que hoy, por fin, soy.

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