REFLEXIONES PUNTUALES

Forajida

Cuando se es una forajida, poco hay que explicar.

Vives constantemente en peligro. Con sensación de haberte saltado la ley y con el riesgo de que quien sea te vea o te pueda reconocer.

Sí, soy una forajida. Huyo y me escondo. Quisiera formar un bucle temporal, rodearlo con un círculo y borrarlo del mapa de mi vida.

Pero no puedo.

Por eso huyo.

Huyo de la maldad, del mal y de las consecuencias nefastas.

Huyo del dolor, huyo de la verdad.

Pero soy yo, incapaz de guardar un secreto más de de 24h. Incapaz de ocultar hasta lo que no le interesa al mundo. Incapaz de guardar el peso del peor de mis actos aun a sabiendas de las consecuencias.

Pues bien, tras mi confesión particular, soy una forajida confesa. Y selecta, claro está.

Decir la verdad no te vuelve impune. Debo seguir escondiéndome. ¿Cuánto? No lo sé.

Pero estoy convencida que el big brother me vigila. Está en mi barrio, entre las calles, las puertas, los ventanales…

Por eso, solo me queda huir…

POEMARIO EMOCIONAL

Me duele

Siento que me voy a morir.

Me retuerzo de dolor.

Me tiembla el cuerpo.

Frío, escalofrío, corrientes eléctricas dentro de mi ser.

Quiero llorar pero el dolor me lo impide.

No puedo ni mirar hacia adelante.

Me mareo.

Intentando avanzar he tropezado y me he comido una puerta.

Me quiero ir.

Pero no puedo.

¿Somatizo?

Odio sentirme sola cuando me encuentro mal.

Pero odio que me hablen, me pidan y me reclamen también.

¿Qué necesito?

Un abrazo, un hombro donde llorar.

Sentir tu calor. Darte el mío.

Si todo fuera así de especial al menos moriría con una sonrisa en mis labios …

POEMARIO EMOCIONAL

El cazador cazado

Hay mensajes que te torturan el alma.

Hay señales que te arrastran hasta el punto de partida.

Es el punto en el que haces clic.

Y te das cuenta de todo,

y te escondes tras una máscara;

pero esa máscara no es un lugar seguro.

Te duele el corazón.

Porque no eres tú.

Y ahora todas las señales que te taladran,

te torturan el alma…

Y no te queda más remedio que reconocer…

Que ese tú…

Soy yo…

RESCATES

Te perdí

Y entonces me puse a llorar.

Y las lágrimas caían y caían y yo no podía dejar de llorar…

Pero no eran lágrimas de tristeza.

Eran lágrimas de esas de entenderlo todo.

De cerrar el círculo.

Y fue en ese momento, mientras lloraba,

que entendí que jamás volverías a mi vida.