POEMARIO EMOCIONAL

El género del amor 2

-“¿Me quieres?”

No contesta.

-“¿Me quieres?”

Se rasca.

-“Eo, estoy aquí. Te estoy preguntando si me quieres.”

Me mira. Me pone una patita encima.

-“Eso es que me quieres…”

Se aprieta muy fuerte contra mí. Sigue rascándose.

Cierro mis ojos.

La siento y sonrío.

Ahora, sé que me quiere…

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Fan

Soy mi mejor fan. He entrado 52 veces a leerme.

Entonces me ha dado por pensar en los límites. Ha sido justo al despertarme y llevo todo el día preguntándome: ¿Hasta dónde llegan los límites de una persona por un lado y, por otro, cómo romper con esos límites?

Cada uno de mis pensamientos me reconduce al mismo lugar: La transcendencia. Tengo creencias en mí que no me permiten ir más allá pero, por otro lado, deseo ir más allá.

Así es la vida. Querer y no poder. Poder y no querer. Quizá, más bien, mi vida.

Esta sensación me lleva a mis 23 años. Recién licenciada y con miedo a cumplir mi sueño. Yo no sé si con 23 sabía lo que significaba el concepto ‘zona de confort’ pero sí recuerdo que sabía lo que era el fracaso.

Hace tan solo unos días, he aprendido que si eludimos/evitamos las situaciones traumáticas que vivimos en el pasado, estas pueden llegar a anclarse. Es por ello que en lugar de limitarme y huir como siempre he hecho, hoy a mis 44 me enfrento. -¿A qué?- Al miedo. Miedo a fracasar. Miedo a mis límites y a mis no límites. Miedo a ti cuando me lees. Miedo a tus pensamientos. Miedo a que pienses, tú que me conoces, que no soy normal.

Pero es que no puedo más. Necesito gritar, alzar mi voz. Decirte estas cosas que te digo. Y, ya tú, si quieres, las entiendes.

Al final he acabado el día pensando entre la diferencia entre un círculo y un cuadrado. El cuadrado representaba mi yo de los 23 y el círculo el de los 44. ¿Por qué? Pues porque son símbolos, no son míos, son universales.

Entonces me he visto como un círculo, fluyendo como una galaxia y dejando por doquier pensamientos, miradas, sonrisas, emociones…

Seguido he mirado al cielo, he sonreído y he pensado: “Esa es la Maribel que quiero ser “.

He bajado la cabeza, he continuado mi trayecto y he vuelto a sonreír porque esa es la Maribel que hoy, por fin, soy.

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