RESCATES

Es como lo de tu tatuaje

Aún no lo tienes pero ambas sabemos que te da fuerzas. Será tu mayor estandarte y siempre que caigas lo reconocerás grabado en tu piel.

Pasan los días y sigues esperando el momento en que te sientas que lo mereces. Existe. Lo deseas. Está en ti.

Pero aún no lo mereces.

Luchando cuerpo a cuerpo. Mano a mano con tu mente. Las ideas, los conceptos, tu fuerza va y viene. Revolotea. Asoma. Se esconde.

Tic tac. Tic tac.

La fuerza del mensaje que quieres representar y aún no representas.

¿Frustración? ¿Fracaso? ¿Resiliencia?

Es como lo de tu tatuaje. Me encanta esta frase como inicio de un libro.

Es como lo de tu tatuaje. El que marca esta historia. El que determina quién y cómo eres.

Es como lo de tu tatuaje. El que ya te pertenece. El que ya te representa.

El que ya, sin existir, está fijado en tu piel…

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Fan

Soy mi mejor fan. He entrado 52 veces a leerme.

Entonces me ha dado por pensar en los límites. Ha sido justo al despertarme y llevo todo el día preguntándome: ¿Hasta dónde llegan los límites de una persona por un lado y, por otro, cómo romper con esos límites?

Cada uno de mis pensamientos me reconduce al mismo lugar: La transcendencia. Tengo creencias en mí que no me permiten ir más allá pero, por otro lado, deseo ir más allá.

Así es la vida. Querer y no poder. Poder y no querer. Quizá, más bien, mi vida.

Esta sensación me lleva a mis 23 años. Recién licenciada y con miedo a cumplir mi sueño. Yo no sé si con 23 sabía lo que significaba el concepto ‘zona de confort’ pero sí recuerdo que sabía lo que era el fracaso.

Hace tan solo unos días, he aprendido que si eludimos/evitamos las situaciones traumáticas que vivimos en el pasado, estas pueden llegar a anclarse. Es por ello que en lugar de limitarme y huir como siempre he hecho, hoy a mis 44 me enfrento. -¿A qué?- Al miedo. Miedo a fracasar. Miedo a mis límites y a mis no límites. Miedo a ti cuando me lees. Miedo a tus pensamientos. Miedo a que pienses, tú que me conoces, que no soy normal.

Pero es que no puedo más. Necesito gritar, alzar mi voz. Decirte estas cosas que te digo. Y, ya tú, si quieres, las entiendes.

Al final he acabado el día pensando entre la diferencia entre un círculo y un cuadrado. El cuadrado representaba mi yo de los 23 y el círculo el de los 44. ¿Por qué? Pues porque son símbolos, no son míos, son universales.

Entonces me he visto como un círculo, fluyendo como una galaxia y dejando por doquier pensamientos, miradas, sonrisas, emociones…

Seguido he mirado al cielo, he sonreído y he pensado: “Esa es la Maribel que quiero ser “.

He bajado la cabeza, he continuado mi trayecto y he vuelto a sonreír porque esa es la Maribel que hoy, por fin, soy.

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