REFLEXIONES PUNTUALES

Momentazo

Estoy pletórica.

No sé cómo expresar la explosión que llevo dentro.

Respiro y me entra el triple de aire,

y pienso en lo dichosa que es la vida.

Que cuando estas algo más apagada te da un subidón de golpe, que te hace no poder dejar de sonreír.

Estoy en racha. Lo tengo que decir.

La verdad es que parece que el azar está de mi lado, pero no creo en él. Vaya.

Creo que esto que me está pasando son señales. El universo confabula para que yo sonría y sea feliz.

¿Pero cuál será el mensaje de universo? ¿Lograré descifrarlo?

¿Durará mucho tiempo? ¿Será una ficción mental y solo es buena suerte?

Sea lo que sea, ahora mismo estoy pletórica. Se me escapa tanta felicidad del pecho. La sonrisa me va a romper la boca, ¡me crezco, subo, me elevo!

Soy feliz, en este momento…

¡Corre, Maribel! Disfruta…! Que si hay algo que dura poco en la vida son los momentos como este…

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Mi sonrisa

Hoy he vuelto a sonreír. Bueno de hecho fue ayer, pero la sensación de plenitud aún me dura como si hubiera sido ahora mismo.

Intento analizar cada detalle de la emoción y noto que es exactamente la misma de cuando tengo ansiedad pero es como si el estómago se encogiera hacia arriba.

Sí sí, sucede en el mismo lugar pero me siento diferente. Es curioso percibir que el estómago te dice cómo te sientes. Raro, no sé.

Lo de la cabeza… yo no sé qué es… la cabeza siempre me confunde y me hace tomar decisiones erróneas, pero el estómago, a lo que normalmente llamamos corazón, ese no engaña.

Te da el subidón, sonríes hasta que normalizas la emoción, supongo que hay factores químicos como la oxitocina y todo eso, pero me dan igual. A mí lo que me importa es sentir como me siento y lo que me dura.

Durar dura poco. Normalizamos y asimilamos hasta el punto de que la cabeza vuelve a ganar la batalla.

La cabeza es una traicionera.

Este año le he estado dando chicha, he hecho cosas por ella y he intentado conocerla mejor. Parece que ahora nos llevamos bien.

Pero cuando el estómago siente cosas es como si entrara en un estado de catarsis y empezara una batalla campal.

Así que, cabecita loca perdóname, he decidido engañarte. Pero esta es otra historia, la de no contarte cosas del corazón.

Hoy sigo en mi nube. En la nube de sonreír. En la nube de quererme, disfrutarme y amarme.

Esta emoción suele ser muy efímera en mí.

Pero ni siquiera las rampas nocturnas la han podido desgarrar de mi interior el placer de la sonrisa de sentirte cerca. De sentirme cerca. De sentirme en mí. De sentirte aquí.

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