POEMARIO EMOCIONAL

Latente

Solo a tu lado me siento.

Solo a tu lado soy.

Miento: fuera de ti también.

Pero algo menos…

A tu lado, cuando estoy contigo,

con el sol, con la luna, la lluvia…

Tu mirada y mi atardecer.

Con mis miedos, con mis pánicos, con quererte e incluso cuando tú me odias…

A tu lado soy. A tu lado me siento.

Sonrío, tiemblo.

Tu manos, mis dedos…

Mi corazón, el tuyo….

Y ambos, juntos, con nuestro unísono

po pom, po pom…

No me lo digas: Que yo también lo siento.

POEMARIO EMOCIONAL

Modo avión 2: Mi cacharro

Me quito los auriculares.

Miro alrededor.

Millones de personas, de vidas.

Unos dos doscientos corazones paralizados.

Esperando el momento.

Pero el mío no se para. No se frena. No le llega el momento.

Tic tac tic tac

Siento la espera como un largo lamento.

Nos movemos.

Me muevo.

Mi cacharro se agita. Aún más.

Te pienso.

Pensarte me calma.

Me hace sonreír.

Eres un virtuoso. ¡Qué le voy a hacer!

Sube la presión. Baja mi cacharro.

Angustia.

Echo la cabeza hacia atrás; cierro los ojos; me paralizo.

Mi cacharro ya es un corazón más…

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Mi sonrisa

Hoy he vuelto a sonreír. Bueno de hecho fue ayer, pero la sensación de plenitud aún me dura como si hubiera sido ahora mismo.

Intento analizar cada detalle de la emoción y noto que es exactamente la misma de cuando tengo ansiedad pero es como si el estómago se encogiera hacia arriba.

Sí sí, sucede en el mismo lugar pero me siento diferente. Es curioso percibir que el estómago te dice cómo te sientes. Raro, no sé.

Lo de la cabeza… yo no sé qué es… la cabeza siempre me confunde y me hace tomar decisiones erróneas, pero el estómago, a lo que normalmente llamamos corazón, ese no engaña.

Te da el subidón, sonríes hasta que normalizas la emoción, supongo que hay factores químicos como la oxitocina y todo eso, pero me dan igual. A mí lo que me importa es sentir como me siento y lo que me dura.

Durar dura poco. Normalizamos y asimilamos hasta el punto de que la cabeza vuelve a ganar la batalla.

La cabeza es una traicionera.

Este año le he estado dando chicha, he hecho cosas por ella y he intentado conocerla mejor. Parece que ahora nos llevamos bien.

Pero cuando el estómago siente cosas es como si entrara en un estado de catarsis y empezara una batalla campal.

Así que, cabecita loca perdóname, he decidido engañarte. Pero esta es otra historia, la de no contarte cosas del corazón.

Hoy sigo en mi nube. En la nube de sonreír. En la nube de quererme, disfrutarme y amarme.

Esta emoción suele ser muy efímera en mí.

Pero ni siquiera las rampas nocturnas la han podido desgarrar de mi interior el placer de la sonrisa de sentirte cerca. De sentirme cerca. De sentirme en mí. De sentirte aquí.

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