REFLEXIONES PUNTUALES

El jueves

Hola. Hoy te escribo porque me apetece contarte algo que me ha pasado.

No tiene ningún valor ni ninguna importancia, pero ha sido algo curioso a la par que da para pensar.

He ido al pipicán. No tenía ganas de estar en casa; desde hace unos días, siento que las paredes me comen.

Nada más llegar me he tenido que separar del grupo por la animadversión del perrito llamado Bruc hacia Zeta, mi perra. Literalmente, se odian. Creo que es una cuestión de celos y posesividad.

Cuando todo el mundo se ha ido y nos hemos quedado solas, me he cambiado de sitio. Me he ido a la sombra y debo haber estado con mi angustia unas tres horas; mientras Zeta disfrutaba de la libertad.

Me imaginaba cómo hubiera sido mi día de hoy, jueves, si las cosas hubieran sido de otra manera.

En todo ese momento de reflexión entra un chico. Busco al perro pero no lo veo. Tan solo lleva un libro en la mano. Me he imaginado que era La Odisea, ya sabes que me encanta ese libro.

Abre el libro, lo debe llevar por la mitad. La Odisea seguro que no era porque era algo más fino. Mi perra lo saluda; molesta. y entonces el chico me dice: -«Me he venido aquí porque estoy bajo» .»He pensado que ver perros me animaría».

¿Qué le iba a decir? Pues, -«Toma a mi perra a ver si te anima, porque conmigo no lo consigue».

-«No la fueces, verla ya me va bien y me alegra».

Me ha dado pena, pero al final pensaba en la teoría esa de los espejos. Y que si él estaba de bajón, cómo estaba yo…

Él al rato se ha ido. Creo que al final los perros le molestaban y bajarte a leer al picicán no debe haber sido muy buena idea. Aunque, ¿por qué no? Pues porque debe haber mucho barullo.

Al poco rato me he vuelto a quedar sola. Ni lector ni perritos jaleosos. He pensado de nuevo en los espejos. En la ley de la atracción y en las mondongadas que estaba haciendo por sentirme triste.

Soy la primera persona que cree con fuerzas en el karma. Siempre he alardeado que la positividad atrae la positividad. Siempre. El buen rollo, atrae buen rollismo. E iba por la vida de happy flower derrochando felicidad. Hasta que me hice mayor, y me hice una lista de estandares que no sé si son ridículos o no pero me hacen más mal que bien.

No puedo volver ni a los 20 ni atrás. No puedo tener todo lo que deseo pero sí tengo lo que no deseo: Un puto nudo en el estómago. Un nudo que me lleva a la pena y me atrae gente con pena.

¿Es eso lo que quiero? ¡Ni hablar!

Entonces, he tomado algunas decisiones:

La primera es que no quiero estar así más. Si hace falta me tiro de nuevo al azúcar, pero no quiero estar así más.

Segunda: Soy una fuente de energía y positividad. No un alma en pena. Así que felicidad máxima para atraer felicidad a mi vida. Ya veremos cómo lo soluciono.

Y tercera…. Sigue siendo jueves. No será el mismo jueves que había imaginado, pero aún estamos a tiempo de darle un giro espectacular a este día… ¿Empezamos?

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