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La cucaracha de Ockham

Lo siento. No puedo más.
Los remordimientos me corroen pero no creo que sea humano soportar durante más de un día (quizá un rato) tal visión.
Pienso en lo que es normal, en lo natural y en los límites de cada estadio. Es como cuando decidí no depilarme durante todo el confinamiento y lo natural dejó de ser normal. Al final sucumbí, por mi propio bien, a forzar lo natural.
Os cuento: ¿Cuántas ya? ¿Dos semanas? Pongamos que son dos semanas.
La primera opción, por supuesto, fue: ‘Algún vecino la verá-(Yo la he visto)’. Vale sólo hay 3 vecinos en el bloque y veo que con menos vista que yo.
Opción dos, tres y cuatro y todas las que puedas pensar… anuladas por miedo, asco y fobia. (Miedo a tener pesadillas, asco de tocarla con un zapato, escoba, papel, y fobia a que de repente reviva y me coma).
Sigo ahí en la opción 1. Anclada. Rezando porque la memoria de mi perra falle y no vuelva recordar que ella fue la gran descubridora de Ockham.
Sí… vale… al final le he puesto nombre… Ockham es guay para una cucaracha… simboliza la gran lección de mi vida: hacer difícil lo fácil. Así con todo.. pero es que… Ockham es mucha Ockham.
Llevo días pensando que Ockham se merece un entierro digno… No sé como funciona la cultura funeraria de las cucarachas pero no creo que ninguna cucaracha real, del estado o creyente quisiera una muerte así para Ockham.

Ayer se me presentó una nueva oportunidad. ¡Me la quitan! Me quitan a Ockham, vale, lo he conseguido… pero… ostras… ¿Realmente quiero que me quiten a Ockham?

Todos lo sabemos. Ockham simboliza toda esa lucha. Mi independencia emocional: Ser una mujer valiente y autosuficiente. Ser capaz de tomar mis propias decisiones ante mis problemas y no depender de nadie para consolidar mis decisiones. Todo eso es Ockham.
Me pregunto qué será de ella si le doy una patada y la echo a la calle… Según la teoría metodológica del reduccionismo o de parsimonia sería lo más sencillo, ¿No?
Creo que si saco fuerzas y al menos hago eso, Guillermo de Ockham se sentiría orgulloso de mí.
¡Ya estoy más contenta! ¡Ya me siento más segura! ¡Qué un filósofo del siglo XIV pudiera estar orgulloso de mí, me hace más fuerte, más valiente!
¡Lo siento, mi querida cucaracha de Ockham, pero voy para casa….
A deshacerme de ti!

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